¿No sabes lo que sientes? Cuando la emoción se esconde… pero el cuerpo habla
- ¿Alguna vez te han preguntado “¿qué te pasa?” y tu respuesta ha sido: “No sé… estoy raro/a”?
- ¿Te cuesta ponerle nombre a lo que sientes?
- ¿Sabes que algo se mueve dentro de ti, pero no logras identificarlo?
La dificultad para reconocer emociones es mucho más común de lo que imaginas. Y no significa que seas frío/a, insensible o desconectado/a. Significa, simplemente, que nadie te enseñó a mirar hacia adentro con claridad.
Cuando no sabemos qué sentimos
Desde la psicología emocional, esta dificultad suele estar relacionada con una baja alfabetización emocional. Crecimos aprendiendo matemáticas, historia, idiomas… pero no aprendimos a identificar tristeza, frustración, miedo o culpa en nuestro propio cuerpo.
En consulta, muchas personas describen lo que sienten como:
- “Un nudo”
- “Una presión”
- “Cansancio”
- “Irritación constante”
- “Ansiedad sin motivo”
Pero no logran traducirlo en emoción.
La emoción como mecanismo de protección
Desde la mirada de la biodescodificación, esta desconexión no es un error: es una estrategia de supervivencia.
Si en tu infancia o adolescencia expresar lo que sentías no era seguro —porque recibías críticas, indiferencia, burlas o conflicto— tu sistema nervioso aprendió algo muy claro: “Sentir es peligroso”.
Entonces hiciste lo que cualquier sistema inteligente haría: anestesiar.
Dejaste de identificar la emoción para protegerte del dolor relacional.
El problema es que lo que se reprime no desaparece. Solo cambia de idioma.
Y muchas veces el cuerpo se convierte en su traductor.
Dolores musculares, problemas digestivos, contracturas, fatiga, migrañas… pueden ser señales de emociones no reconocidas.
No es magia. Es biología emocional.
Ejercicios prácticos para reconectar
Aquí tienes herramientas que combino en consulta desde la inteligencia emocional y la biodescodificación.
1. Ejercicio: “Del síntoma a la emoción”
Cuando sientas una molestia física o malestar difuso, pregúntate:
- ¿Dónde lo siento exactamente?
- ¿Qué forma o textura tiene?
- Si esa sensación pudiera hablar, ¿Qué diría?
- ¿A qué situación reciente se parece esta sensación?
No busques la respuesta “correcta”. Busca la respuesta honesta.
Este ejercicio ayuda a traducir el lenguaje corporal en lenguaje emocional.
2 Diario de alfabetización emocional
Durante 7 días, al final del día escribe:
- Situación que viviste.
- Qué pensaste.
- Qué sentiste en el cuerpo.
- Emoción posible (elige aunque no estés seguro/a).
Puedes ayudarte con una lista básica:
- Tristeza
- Miedo
- Rabia
- Culpa
- Vergüenza
- Alegría
- Frustración
- Soledad
Al principio puede costar. Es normal. Estás creando una nueva vía neuronal.
3. Pregunta biográfica clave
En un momento de calma, reflexiona:
- ¿En mi infancia estaba permitido llorar?
- ¿Qué pasaba cuando me enfadaba?
- ¿Alguien invalidaba mis emociones?
- ¿Aprendí que debía ser “fuerte”?
Este ejercicio no es para culpar a nadie. Es para comprender de dónde viene tu patrón.
Cuando entiendes el origen, dejas de juzgarte.
4. Pausa de regulación emocional (90 segundos)
Cuando sientas activación:
- Detente.
- Respira lento y profundo.
- Nombra en voz baja: “Estoy sintiendo ___”.
- Observa sin intentar cambiarlo.
Las emociones intensas suelen bajar de intensidad en aproximadamente 90 segundos si no las alimentamos con pensamientos.
Nombrar es regular.
La clave no es controlar lo que sientes
La inteligencia emocional no consiste en “ser positivo” o “no alterarse”.
Consiste en:
- Reconocer.
- Validar.
- Regular.
- Expresar de forma saludable.
Y desde la biodescodificación, añadiría algo más:
Escuchar el mensaje que tu historia y tu cuerpo están intentando mostrarte.
La emoción que no identificas hoy puede ser la voz de una versión más joven de ti que necesitó callar para sobrevivir.
Pero ahora ya no necesitas anestesiar. Ahora puedes aprender a sentir con seguridad.
Te dejo una pregunta para cerrar:
Si hoy pudieras nombrar con total honestidad lo que sientes…
¿Qué palabra aparecería primero?😉
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